No hay trucos de magia:

Son dos cuestiones sobre las que, sobre todo las personas que empiezan a entrenar, no se centran o incluso pasan de largo.
Se trata de algo previo a cualquier proceso que requiera una progresión, incluso si no tiene que ver con el entrenamiento.
Vamos…suéltalo ¿es una receta mágica o un súper ejercicio?
Lo siento, pero no es nada mágico, aunque el hecho de que lo integres antes de empezar supondrá menos errores futuros, menos lesiones y que tu progreso vaya más rápido.

Primer error. ¿Para qué entrenas? Ten claro tu objetivo:

– ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? – preguntó Alicia.
– Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.
– No me importa mucho el sitio… – dijo Alicia.
– Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato.

Alicia en el país de las Maravillas

¿Qué quieres conseguir? Si no puedes responder a esa pregunta, no puedes decir que un entrenamiento o ejercicio es mejor que otro. Cualquiera te llevará a otro lugar.
La situación más normal que se da cuando alguien empieza entrenar es: empiezo a correr porque me quiero apuntar a una carrera, me apunto al gimnasio porque quiero perder peso, empiezo pilates porque me duele la espalda…y así un largo etc.
Está bien, es un punto de partida, pero es muy vago y poco concreto. Es algo que te da el impulso inicial para empezar. Pero que es muy intangible y se diluye más fácilmente en el tiempo, lo que hace que se abandone más rápido.
Si seguimos con el ejemplo de “quiero perder peso” no es lo mismo decir:

  • Quiero perder 10 kg.
  • Quiero perder 10 kg. De grasa. En 10 meses. Eso sería 1 kg. Cada mes y unos 250 gr. Por semana.

¿Ves la diferencia? Es el mismo objetivo, pero el primero es global, menos concreto y menos tangible. El segundo es mucho más específico y medible. Más fácil de controlar tanto en la medida del objetivo, como en el tiempo.

Específica más. ¿Qué objetivo tienes en mente?

Hay muchas maneras de hacer más específico un objetivo. Aquí te traigo una que te permitirá seguir unos pasos para concretar más cualquier meta.
Esta herramienta se denomina SMART (por las siglas en inglés). Cualquier objetivo que tengas en mente debería presentar las siguientes características:

  • Específico: define claramente el objetivo, ya sea perder x kilos, mejorar un tiempo determinado una carrera o que disminuya x cm. tu cintura.
  • Medible: asígnale un número. Cuantifícalo de forma que puedas saber si lo alcanzaste o no.
  • Alcanzable: establece un objetivo realista, si no tienes referencia busca casos similares. No hay nada que desmotive más que algo inalcanzable.
  • Relevante: te tiene que importar. Cada paso que des tiene que estar relacionado con el objetivo final.
  • Tiempo: debe tener un tiempo delimitado. Una fecha en el calendario, una cantidad de días, semanas o meses determinados.

Segundo error. ¿En qué punto empiezas?

Me gustaría que entendieras el concepto de valorar como la unión de dos palabras: valorar y medir.
Si te detienes un segundo a repasar el significado de ambas según el diccionario de la RAE, verás que hace referencia a:

Valorar:

  1. Señalar el precio de algo.
  2. Reconocer, estimar o apreciar el valor o mérito de alguien o algo.

Medir:

  1. Comparar una cantidad con su respectiva unidad, con el fin de averiguar cuántas veces la segunda está contenida en la primera.
  2. Tener determinada dimensión, ser de determinada altura, longitud, superficie, volumen.

¿Por qué estas dos palabras? Porque mientras que con la primera nos centramos más en la parte cualitativa, la que sientes, pero no mides exactamente, la segunda se focaliza en la parte cuantitativa: los kilos, los ritmos, los cm. de cintura, el nivel de dolor, etc.
De los errores más comunes que se comenten antes de empezar cualquier proceso de entrenamiento es no medir en qué punto empiezo.
Es de las partes del proceso más importantes y más olvidadas, ya que conocer en qué punto empiezas te permitirá escoger el mejor camino a seguir para conseguir tu objetivo.
Cuando comienzas a entrenar sin saber en qué punto exacto estás (cuantitativo), la motivación inicial hace que notes cambios y sigas el proceso, percibes mejoras (cualitativo) pero no sabes muy bien ni cuánto ni cómo estás progresando.
Llegará un punto en el que te estanques o tengas que variar, pero como no sabes en qué punto empezaste de manera concreta no sabes muy bien cuál es el siguiente paso.

Conclusión:

“¿Qué quiero conseguir?” y “¿En qué punto empiezo?” deberían de ser tus dos preguntas clave antes de plantearte mejorar tu salud o afrontar cualquier objetivo en el entrenamiento.
Como de costumbre, la mayor parte del trabajo va a estar en la preparación.
Dedicar ese tiempo previo a responder a esas dos preguntas, te ahorrará tiempo, lesiones y desmotivación durante tu proceso.
Si en este post te he dado una pequeña estrategia para definir tus objetivos, en el siguiente te traeré diferentes formas de valorar tu estado inicial tanto de salud general como de algunos de los objetivos más comunes que tiene la gente a la hora de entrenar.

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